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jueves, 3 de marzo de 2011

Los comienzos de Tenochtitlan

Los comienzos de Tenochtitlan
Los comienzos de esta gran ciudad no fueron fáciles, muchas tribulaciones la asotaron: decadencia de Teotihuacan a partir del siglo VII; incesantes oleadas de pueblos guerreros procedentes de las llanuras del Norte; fundación de Tula, 
capital de los toltecas, en el siglo IX; guerras y revoluciones que se traducen, a finales del siglo X, en las instauración de un régimen militarista y del ritual de los sacrificios humanos; ruina de Tula en 1168; invasión de la Meseta central por los "bárbaros", que no obstante adoptan rápida y eficazmente la tradición tolteca y, en el siglo XIV, las encarnizadas luchas entre los "Estados combatientes" 28 ciudades se disputaban la hegemonía sobre el centro de México cuando una pequeña tribu, procedente del lejano Aztlán (de donde procede el nombre de aztecas), muy al noroeste, consiguió establecerse en el valle. Los aztecas, considerados como intrusos indeseables, y tan pronto utilizados como rechazados, acabaron por fundar un mísero poblado de chozas, "dentro del tular, dentro del carrizal", en la bahía cenagosa que formaba la parte occidental de la grna laguna.
Los aztecas daban a su capital el doble nombre de Tenochtitlan, "el sitio del nopal" (en azteca, tenochtli), y de México. La chumbera o nopal y posada en ella un águila devorando una serpiente, figura desde antiguo en el escudo de la ciudad.
Mito y Origen del escudo de la ciudad y de México

Ocurrió que el dios de los aztecas, Huitzilopochtli, divinidad guerrera y solar, se dirigió en medio de la noche al gran sacerdote Quauhcóatl ("águila-serpiente") y le dijo: "Vete al momento en busca del tenochtli sobre el que verás posada ufana un águila.... Allí es donde nos estableceremos, donde dominaremos... donde con nuestro dardoy nuestro escudo conquistaremos. Allí estará nuestra ciudad, México-Tenochtitlan: donde el águila emite su grito, abre las alas y come, donde nada el pez, donde la serpiente es devorada".
En el año ome-acatl, "2 caña", 1325, como les mexicanos que se guían a Quauhcóatl se hubiesen adentrado en las ciénagas, viero "al borde de una caverna el águila posada sobre un nopal, comiendo ufana". Fue allí donde alzaron el primer templo a Huitzilopochtli.
 Si el sentido del nombre Tenochtitlan parece claro, el de México plantea problemas. Comparando la etimología de esta palabra en la lengua náhuatl con la del nombre de la ciudad en el lenguaje de la vieja tribu otomí, de remoto arraigo en el Altiplanom, cabe concluir que México significa "en medio (literalmente, en el ombligo) del lago de la Luna. En efecto, la laguna llevaba el nombre de Metztliapan, lago de la Luna.
  
El modo de Vida
 En los relatos tradicionales y manuscritos ilustrados se describe el modo de vida de los primeros habitantes de Tenochtitlan como escencialmente lacustre. Vivían de la pesca y de la caza de aves acuáticas, como los demás indígenas establecidos a orillas del lago.
 Cambiaban "pescado, ajolotes, ranas y cangrejos" por piedras y maderos para construir sus primeras casas, "pobre, miserablemente". Más tarde, siendo ya su ciudad gloriosa y próspera, conmemoraban anualmente esa vida primitiva. Durante las fiestas del Etzalqualiztli, los sacerdotes del agua iban a tomar un baño ritul en la laguna. "Aquí están la cólera de la serpiente, el zumbido del mosquito de agua, el vuelo del pato, el rumor de los juncos blancos", clamaba ritualmente el gran sacerdote, tras de lo cual todos entraban en el agua y chapoteaban imitando el grito de los patos, las garzas reales y las garcetas.


 Los comienzos fueron, pues, difíciles, y los progresos lentos. Cincuenta años necesitaron los aztecas para establecer una dinastía, a cuyo fundador tuvieron el acierto de ir a buscar en Colhuacan, ciudad de tradición tolteca. En 1948, el cuarto soberano, Itzcóatl, tras una guerra victoriosa contra la ciudad rival de Azcapotzalco, logró poner a su Estado en camino de ejercer en poco tiempo la hegemonía sobre gran parte de México.
 La primera piedra del teocalli, el gran templo que los españoles iban a ver a su llegada, no se colocó hasta el año 1483, y la inaguración del monumento tuvo lugar en 1487; de modo que la ciudad que los conquistadores contemplaron por vez primera en 1519 y destruyeron a conciencia dos años más tarde era en realidad muy reciente.
 

Los primeros pueblos de Tenochtitlan

Los primeros pueblos de Tenochtitlan



Los origenes de este asentamiento humano han de buscarse en un pasado lejano.
Quince o veinte mil años antes de nuestra era, hombres atraídos por los recursos de la laguna y sus contornos vivían en ese valle de la caza y la pesca. Sus puntas de flecha de pedernal se han encontrado junto a los esqueletos de los mamuts que en esa época habitaban la región. Estos grandes animales desaparecieron, pero venados, conejos, aves acuáticas y peces continuaron proporcionándoles abundante alimento. El maíz, el frijol, las calabazas, el tomate, el ají, las semillas oleaginosas, la salvia y el amaranto o arcediana empezaron a ser cultivados entre 4000 y 3000 A.C. Poco a poco, el valle fue llenándose de aldeas. Los indígenas, convertidos en agricultores sedentarios, modelaron la arcilla, fabricaron vasijas y figurillas de barro cocido y tejieron las fibras de pita o maguey. En Zacatenco, El Arbolillo, Copilco y Ticomán se desarrollan esas culturas campesinas "preclásicas" en torno a cultivos y graneros.
Las figurillas de cerámica, que representan personajes con turbante y adornados con jollas, u hombres enmascarados, tal vez chamanes, muestran que esa sociedad rural iba, en su evolución, diferenciándose y jerarquizándose. Las figurillas femeninas nos hablan de un culto a la fecundidad.
En este universo de aldeas, unos mil años antes de nuestra era se introdujeron los olmecas, venidos de las costas del golfo de México. Eran el primer pueblo civilizado de esta parte del mundo. Habían construido los primeros monumentos, como la pirámide de La Venta, esculpido los más antiguos bajorrelieves, exaltado a su máxima expresión el inigualado arte de la piedra cincelada e inventado  una escritura y un calendario. Su llegada a la meseta central no parece haber sido en forma de invasión. Algunos grupos olmecas coexistieron en un cierto número de localidades con los autóctonos, aportando su estilo, sus creencias religiosas y su concepción del centro ceremonial, núcleo de las futuras ciudades.
Los últimos siglos que preceden a nuestra era se caracterizan por el crecimiento de la población. Se pasa de la aldea a la pequeña ciudad. Las estructuras primitivas son sustituidas por una organización social más compleja, sin duda dominada por los sacerdortes. La pirámide de Cuicuilco, tronco de cono rematado por una plataforma en la que se alzaba un santuario, monumento a la vez religioso y funerario, sólo pudo ser erigida gracias al trabajo coordinado y prolongado de una población sometida a una rígida disciplina. Hacia el siglo IV A.C. los habitantes del valle edificaron este su más antiguo centro ceremonial, que refleja la influencia olmeca.
Cuicuilco fue sólo una primera tentativa, aniquilada a comienzos de nuestra era por un cataclismo volcánico. Pero una densa concentración de población hizo de Teotihuacan, al norte del Valle, la primera ciudad auténtica de México, una metrópoli religiosa y artística cuya influencia se propagó durante seis o siete siglos hacia el norte y el sur, hasta los lejanos mayas de Guatemala. 

La Pirámide del Sol, con sus 60 metros de altura, una base de 225 metros y cerca de un millón de metros cúbicos de adobe y piedras, sigue siendo uno de los monumentos más grandiosos de la Anitigüedad americana. Pero todavía más importante es la presencia de un plan urbanístico cuyo eje era el inmenso Miccaotli, la calle de los Muertos, bordeada de palacios y templos y que concluía en la Pirámide de la Luna. Teotihuacan, con sus majestuosos santuarios, palacios de muros cubiertos de frescos, grandes edificios de viviendas, esculturas, máscaras de piedra y sus maravillosos vasos pintados es el arquetipo de la gran ciudad autóctona, y en adelante, en medio de las tribulaciones y transtornos, los indígenas civilizados no dejarán nunca de referirse a ese modelo, convertido en mítico y casi divino.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Tenochtitlan - La próspera ciudad de calles, canales y chinampas

 Tenochtitlan La ciudad mejestuosa
La Venecia de América




Hernán Cortés escribía al emperador Carlos:
"Todas las calles, de trecho en trecho, están abiertas, por donde atraviesa el agua de las unas a las otras, y en todas estas aberturas, que algunas son muy anchas, hay sus puentes,de muy anchas y muy grandes vigas juntas y recias y bien labradas"
La mayoría de las calles estaban ocupadas en su mitad por un canal y en la otra mitad por un muelle.

Con excepción de los templos y de los palacios de los dignatarios, o de edificios públicos tales como escuelas y arsenales, la vivienda azteca era sencilla, de una planta, con sus fachadas sin ventanas orientadas a la calle o al canal, pero dotada de un patio interior en el que podían cultivarse flores, verduras (chiles o ají) y criar algunos pavos (guajolotes). El baño de vapor (temazcalli) y a menudo la cocina estaban situados en pequeños edificios separados. El material más empleado era el adobe. Los techos eran planos, sostenidos por vigas.


Toda esta aglomeración lacustre se había formado entre principios del siglo XIV y el XVI, a partir de dos centros: el de Tenochtitlan, isla rocosa sobre la que se asentaban los edificios religiosos y civiles más importantes, y un poco más al norte el de Tlatelolco, que había permanecido independiente hasta 1473, con su propio templo y, sobre todo, su amplio mercado. Lo que vieron los españoles al llegar era "Un gran México" formado por la anexión de Tlatelolco, tras un breve conflicto, durante el reinado del emperador Axayácatl.
 En dos siglos, la ciudad se había extendido aprovechando las islitas y los bancos de arena, construyendo casas sobre pilotes, creando las ingeniosas chinampas (amontonaban sobre balsas de caña el limo de los pantanos), a costa de esfuerzos tenaces y de una labor obstinada.
 A comienzos del siglo XVI ocupaba una superficie del orden de un millar de hectáreas. Estaba dividida (por decisión divina) en cuatro barrios principales: al norte, Cuepopan, "el lugar donde se abren las flores"; al este, Teopan, "el barrio del templo"; al sur, Moyotlan, "el lugar de los mosquitos", cercano a los pantanos, y al oeste Aztacalco, "casa de las garzas".
 Estas grandes secciones estaban a su vez compuestas de calpulli, literalmente "grupos de casas" o "casa grande", unidad base de la sociedad azteca. Cada calpulli poseía su terreno, su templo y su escuela o telpochcalli o "casa de los jóvenes", y elegía un jefe al que asesoraba un consejo de ancianos. Algunos de estos sub-distritos estaban especializados: había calpulli de artesanos, de comerciantes, etc.
 Los cálculos de la población azteca según los españoles oscilan entre 60,000 y 120,000 hogares. Pero es de tomar en cuenta que las familias eran numerosas, que las clases superiores (con mayor poder dentro de la economía o política) practicaban la poligamia. Un dignatario como Tlacaeleltzin no había tenido menos de ochenta y tres hijos. Pero algunos hogares comprendían, además de la familia, servidores sujetos a lo más parecido a una especie de esclavitud. Una cifra conservadora sería de alrededor de 7 personas por hogar, arrojando el cálculo más realista de 840,000 personas. La capital tenía entre 500,000 y un millón de habitantes, a los cuales se agregan los suburbios. 
 Alrededor de la laguna la densidad de población era alta, así lo demuestran las descripciones de la época, que resaltan el hecho de que las ciudades y pueblos se derramaban sobre el lago mediante chinampas, como Tenochtitlan. Por lo tanto, la aglomeración total de la población formada por la capital y los suburbios era fácilmente mayor que un millón de habitantes. Una cifra comparativamente mayor que la población de Morelia y las localidades cercanas.